IGLESIA DE SANTA CATALINA

 

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Iglesia de Santa Catalina.

               Este templo se estructura por pilares con arcos apuntados que sostienen una armadura mudéjar de madera, mientras que la cubierta está formada por una bóveda gótica de nervios. En el costado izquierdo del templo, se encuentra un pequeño ábside con adornos de arcos de perfil lobulado que constituye el elemento mudéjar más palpable del edificio.

                Este templo se considera fundado por Fernando III y constituye uno de los máximos exponentes dentro de la arquitectura gótico-mudéjar sevillana. Se levanta sobre el antiguo solar de una mezquita, de la que solo se conserva la base de la torre. El resto del templo fue realizado en el siglo XIV, con el único añadido de la Capilla Sacramental, erigida en el siglo XVIII por Leonardo de Figueroa. En 1868 corrió el riesgo de desaparecer para llevar a cabo una reforma urbanística que afectaba la zona, pero se salvó del derrumbamiento al ser declarada Monumento Nacional en 1912.

                 En el exterior destaca la fachada de los pies, obra procedente de la antigua parroquia de Santa Lucía, trasladada en 1930. En dicha portada hay un sencillo óculo decorado con puntas de diamante y en la clave se dispone una escultura del Padre Eterno, mientras que a los lados hay cuatro esculturas bajo dosel que representan la Anunciación Santa Lucía y otra santa sin identificar. Estas esculturas, según los últimos estudios, pueden fecharse en torno a 1285, siendo, por tanto, uno de los primeros ejemplos de estatuaria cristiana andaluza. En el lado derecho o de la epístola aparece otra fachada, de estructura más sencilla, formada por un arco de herradura apuntado y cubierto por alfiz. A continuación se levanta la torre, fechable en el siglo XIV y cuya estructura conserva restos almohades.

                 El acceso al interior se hace por un espacioso atrio donde se conserva la primitiva portada principal del templo. El interior presenta tres naves, siendo la central más alta y ancha que las laterales. La cubierta se ha realizada mediante un artesonado mudéjar, que adopta forma de par y nudillo en la nave central y de colgadizo en las laterales. El presbiterio, como es habitual en este tipo de iglesias, se cubre con bóveda de crucería gótica. El retablo mayor, realizado entre 1624 y 1629, es obra de Diego López Bueno. Presenta un conjunto de pinturas que narran episodios de la vida de Santa Catalina junto con esculturas de San Pedro, San Pablo, San Juan Evangelista y San Sebastián. Preside el conjunto una efigie de Santa Catalina de la primera mitad del siglo XVIII. En la Nave derecha nos encontramos con la Capilla de la Hermandad de la Exaltación, de planta cuadrangular cubierta con cúpula sobre trompas de influencia mudéjar. Preside este espacio el Cristo de la Exaltación, talla del insigne Pedro Roldán, hacia 1687. La imagen mariana titular de esta Hermandad, advocada de las Lágrimas, es obra anónima sevillana del siglo XVIII. De vuelta ya a la nave, se puede admirar el Retablo de Santa Ana con la Virgen Niña, obra de mediados del siglo XVII cercana al estilo de Fernando de Barahona, y el Retablo de la Virgen del Carmen, cuya imagen titular, fue tallada en 1867 por José Gutiérrez Cano. Junto al presbiterio por el lado de la Epístola, se levanta la Capilla de los Carranza, que se cierra con una buena reja de 1603. En su interior conserva un interesante retablo barroco con pinturas de fines del siglo XVI, además de otras diversas obras de los siglos XVI y XVII. En la Nave del Evangelio se abre la Capilla Sacramental, verdadera joya del barroco sevillano. Fue diseñada por Leonardo de Figueroa y data de 1721. Su estructura rectangular se decora mediante yeserías y motivos vegetales que son obra de José García con añadidos de Pedro Duque Cornejo. El Retablo Mayor fue realizado en 1748 por Benito Hita del Castillo y su tío Felipe Fernández del Castillo y está presidido por una Inmaculada del siglo XVIII. La decoración pictórica de este espacio se debe a varios artistas; al ya mencionado José García se suma Pedro Duque Cornejo, que tomó los pinceles para decorar las pechinas de la cúpula con figuras de ángeles que portan atributos eucarísticos, más tarde fue Pedro Tortolero quien dirigió la labor pictórica, y finalmente intervino Vicente Alanís, autor de los lienzos laterales, así como de la Apoteosis de la Inmaculada, situada sobre el arco de entrada en la capilla. La pintura del Juicio Final realizada por Alanís en el lado de la Epístola, fue sustituida en el siglo XIX por el Arrepentimiento de San Pedro, de Pedro de Campaña. Ya saliendo de la nave encontramos un retablo presidido por la Virgen de la Salette, devoción francesa muy poco frecuente en España. Pasando la puerta se dispone la Capilla de Ntra. Sra. del Rosario, que data del siglo XVII y cuya imagen titular se relaciona con la estética de Ruiz Gijón y finalmente una serie de lienzos muy cercanos a la obra de Ribera y Murillo que se fechan en el siglo XVII y un retablo neoclásico que alberga un grupo escultórico considerado como la obra más interesante dentro de la producción dieciochesca de Cristóbal Ramos.

 

Este templo se considera fundado por Fernando III y constituye uno de los máximos exponentes dentro de la arquitectura gótico-mudéjar sevillana. Se levanta sobre el antiguo solar de una mezquita, de la que solo se conserva la base de la torre. El resto del templo fue realizado en el siglo XIV, con el único añadido de la Capilla Sacramental, erigida en el siglo XVIII por Leonardo de Figueroa. En 1868 corrió el riesgo de desaparecer para llevar a cabo una reforma urbanística que afectaba la zona, pero se salvó del derrumbamiento al ser declarada Monumento Nacional en 1912.

En el exterior destaca la fachada de los pies, obra procedente de la antigua parroquia de Santa Lucía, trasladada en 1930. En dicha portada hay un sencillo óculo decorado con puntas de diamante y en la clave se dispone una escultura del Padre Eterno, mientras que a los lados hay cuatro esculturas bajo dosel que representan la Anunciación Santa Lucía y otra santa sin identificar. Estas esculturas, según los últimos estudios, pueden fecharse en torno a 1285, siendo, por tanto, uno de los primeros ejemplos de estatuaria cristiana andaluza. En el lado derecho o de la epístola aparece otra fachada, de estructura más sencilla, formada por un arco de herradura apuntado y cubierto por alfiz. A continuación se levanta la torre, fechable en el siglo XIV y cuya estructura conserva restos almohades.

El acceso al interior se hace por un espacioso atrio donde se conserva la primitiva portada principal del templo. El interior presenta tres naves, siendo la central más alta y ancha que las laterales. La cubierta se ha realizada mediante un artesonado mudéjar, que adopta forma de par y nudillo en la nave central y de colgadizo en las laterales. El presbiterio, como es habitual en este tipo de iglesias, se cubre con bóveda de crucería gótica. El retablo mayor, realizado entre 1624 y 1629, es obra de Diego López Bueno. Presenta un conjunto de pinturas que narran episodios de la vida de Santa Catalina junto con esculturas de San Pedro, San Pablo, San Juan Evangelista y San Sebastián. Preside el conjunto una efigie de Santa Catalina de la primera mitad del siglo XVIII. En la Nave derecha nos encontramos con la Capilla de la Hermandad de la Exaltación, de planta cuadrangular cubierta con cúpula sobre trompas de influencia mudéjar. Preside este espacio el Cristo de la Exaltación, talla del insigne Pedro Roldán, hacia 1687. La imagen mariana titular de esta Hermandad, advocada de las Lágrimas, es obra anónima sevillana del siglo XVIII. De vuelta ya a la nave, se puede admirar el Retablo de Santa Ana con la Virgen Niña, obra de mediados del siglo XVII cercana al estilo de Fernando de Barahona, y el Retablo de la Virgen del Carmen, cuya imagen titular, fue tallada en 1867 por José Gutiérrez Cano. Junto al presbiterio por el lado de la Epístola, se levanta la Capilla de los Carranza, que se cierra con una buena reja de 1603. En su interior conserva un interesante retablo barroco con pinturas de fines del siglo XVI, además de otras diversas obras de los siglos XVI y XVII. En la Nave del Evangelio se abre la Capilla Sacramental, verdadera joya del barroco sevillano. Fue diseñada por Leonardo de Figueroa y data de 1721. Su estructura rectangular se decora mediante yeserías y motivos vegetales que son obra de José García con añadidos de Pedro Duque Cornejo. El Retablo Mayor fue realizado en 1748 por Benito Hita del Castillo y su tío Felipe Fernández del Castillo y está presidido por una Inmaculada del siglo XVIII. La decoración pictórica de este espacio se debe a varios artistas; al ya mencionado José García se suma Pedro Duque Cornejo, que tomó los pinceles para decorar las pechinas de la cúpula con figuras de ángeles que portan atributos eucarísticos, más tarde fue Pedro Tortolero quien dirigió la labor pictórica, y finalmente intervino Vicente Alanís, autor de los lienzos laterales, así como de la Apoteosis de la Inmaculada, situada sobre el arco de entrada en la capilla. La pintura del Juicio Final realizada por Alanís en el lado de la Epístola, fue sustituida en el siglo XIX por el Arrepentimiento de San Pedro, de Pedro de Campaña. Ya saliendo de la nave encontramos un retablo presidido por la Virgen de la Salette, devoción francesa muy poco frecuente en España. Pasando la puerta se dispone la Capilla de Ntra. Sra. del Rosario, que data del siglo XVII y cuya imagen titular se relaciona con la estética de Ruiz Gijón y finalmente una serie de lienzos muy cercanos a la obra de Ribera y Murillo que se fechan en el siglo XVII y un retablo neoclásico que alberga un grupo escultórico considerado como la obra más interesante dentro de la producción dieciochesca de Cristóbal Ramos.